lunes, agosto 24, 2015

TIEMPOS DE EGOLATRÍA

Yo,
Tú, yo.
Él y ella, yo.
Nosotros, yo
Vosotros, yo
Ellos no.
¡YO!
Nada puede ir del todo bien en el mundo cuando los hombres tienen que ser gobernados con mentiras.

miércoles, agosto 19, 2015

Natalie

Tuvo un principio,
sucedió aquella vez;
un lugar: el Valle de la Angostura,
con su rio canoro y
una claridad de verano imprudente.
Tuvo un principio, sí.
Lo incierto es el acabe,
que devenga su muerte o acaso el olvido.
Natalie con la pitbull entre sus muslos.
Natalie con la pitbull en el agua,
Natalie impetuosas sus piernas como la pitbull,
humana como la mirada de esta cuando volvía la cara
y sus ojos  eran el punto de fuga al que se precipitaba el camino.
Durante el Sexenio Revolucionario se respiró más serenidad
que en aquellas caderas del rio despojadas del pantalón mínimo
mientras sujetaba la pitbull montaraz.
No la podía mirar sin quemarme,
pero mi angustia no es, a fin de cuentas,
una forma que pueda modificar el destino,
porque estas cosas no caducan en una sola vida,
como tampoco pueden diluirse bajo un mismo viejo sol,
Natalie es lo eterno.
La profesora estaba explicando los lenguajes documentales, las diferencias entre lenguaje natural y lenguaje controlado. Quiso ilustrar su explicación con ejemplos. Ejemplo de lenguaje controlado pues el tesauro o la Clasificación Decimal Universal ("CDU" para los del gremio), bien. Ejemplos de lenguaje natural... aquí se metió en un callejón sin salida buena. Lenguaje natural, que es el lenguaje tal cual aparece en los documentos, no necesitaba explicación ni ejemplos groseros. Quería demosrtarnos cómo ciertas palabras, expresiones del lenguaje natural, no podían traducirse al lenguaje controlado. Habló del andaluz como un defecto del castellano, algo casi vergonzoso; llegó a decir que hablabamos fatal, sobre todo los de la parte occidental. Preguntó si había algún "caditano" en la clase. Lo de "caditano" me chirrió pero aun así levanté la mano, claro, sin imaginarme lo que venía. Me propuso delante de toda la clase que me pusiera a hablar como hablo, como hablaba entonces, como se supone que habla un gaditanito recién salido de su pueblo de provincia. La clase expectante. Ella sonreía incluso antes de que yo abriera la boca pero no reparaba en que, además de ridícula, la situación no podía ser más embarazosa para mí. Y esto para qué- es lo que yo me preguntaba. Pues no sé si fue la timidez, el orgullo o la susceptibilidad lo que hizo que de mi boca no saliera palabra y sí me levantara y me fuera de clase antes de que esta acabase. La única vez creo que lo he hecho.