viernes, septiembre 14, 2012


En dos mañanas se lee. No por lo corta (poco más de cien peichs), sino por lo buena que es. Ha hecho que me sienta concernido a pesar de no tener nada en común ni con el personaje principal, David Kepesh, ni con su historia. Alguna vez cualquiera de vosotros ha soñado con una Consuelo Castillo, pues yo también. David Kepesh parece inmoral pero solo es un hedonista, alguien que vive sin tabues sexuales. Una persona libre que de tanto serlo se queda solo. Una soledad, la suya, egoista, llena de fantasías y de relaciones sexuales esporádicas. Cuando se cruza con Consuelo su libertad se convierte en obsecuencia. Sus sesenta nada pueden contra los veinticuatro de ella. El amor que vence a la vejez y a la muerte.

lunes, septiembre 10, 2012


A veces parece la obra de un genio (pocas veces) y otras (las demás) la de un loco. A veces es original, a veces extravagante (extravagancia que es la originalidad carente de gusto). De ingenioso pasa a delirante con la misma facilidad con la que el lector pasa de la sorpresa boquiabierta y ojiplática a la sonrisa compasiva y burlona. Hay algo opresivo en el mundo en que intenta envolvernos. Asfixian sus ridículas obsesiones. Parte de unas cuantas ideas más o menos insólitas, desconcertantes e ingeniosas alrededor de las cuales monta un débil campamento de sucesos peregrinos. Pasaje que ensancha los límites de lo grotesco el de la muerte de Laura Verás, ahogada con una hoja de lechuga. Tostón de novela.