miércoles, junio 18, 2014

La noche tenía ese aire de derrota luctuosa  que se respira en la canción "Suspicious mind" que últimamente no paraba de sonar en mi cabeza. Me evocaba la visión de un Elvis de enormes gafas y atuendo de marciano interpretándola. Era una noche decadente como Elvis, llovía fuerte y el viento arreciaba sobre los toldos movedizos, todo lo cual hacía recordar los mares nórdicos. Me sentía urgido a entrar en un pub antes de irme a dormir.  Subimos la calle Modesto Lafuente muy dubitativos, pensando uno en el otro más de la cuenta. Una vez en la barra del Sheridans ella se alisó el vestido y me dijo: "cariño, no te pongas zalamero". Yo me fijaba en sus labios de negra y en sus ojos mesopotámicos que parecían sugerir un no pero sí: no lo conseguirás pero inténtalo. Así que sí, coqueteamos, la iluminé con el reflejo de mi anillo de zafiro, única herencia de mi abuelo, la cual me envió desde París cuando dejó la presidencia de las Cortes. Intenté atraerla pero sin mucha determinación, y sin un plan previo, pasando por alto el juego de seducción al que muchas veces me entregaba con disciplina ya que me solía dar muy buenos resultados. Pero no era mi día. Había recorrido medio país al volante de un coche pequeño y viejo, estaba cansado y esta pantera era lo primero que había podido encontrar. Me has hechizado, le dije, descorrió la comisura de sus labios y esbozó una de esas sonrisas que ponían al descubierto los dientes parcialmente, de un blanco superlativo, un blanco muy desacostumbrado en toda su persona,  una sonrisa anterior a la creación del mundo. La había encontrado en Atocha una hora antes, salía del restaurante en el que trabajaba.-Uhmmmm, me voy a tener que ir ya- me dijo- mañana jueves trabajo. La abordé antes de que pudiese reaccionar cognitivamente, me interesaba su subconsciente no lo que pensara o dijera, pues siempre era lo mismo: palabras dirigidas a sí propia desde su instinto de autoprotección y, sobre todo, palabras inocuas proferidas en aras de una supuesta corrección social o conforme a una ley del decoro muy dudosa.
-Ella-decía la negra-era una mujer normal, pero de pies a cabeza. "Yo soy lo que soy, no más, una mujer normal de pies a cabeza". Mientras él observaba su nariz chata y su pelo duro como la rodilla de Robocop.
"Normal" no es un término que se avenga bien con mis preferencias léxicas, detesto esa palabra, su significado pedestre, el tono en que se suele pronunciar y aún a aquellos que la emplean, casi siempre a la ligera, toda vez que no aceptan nada que escape a su corto entendimiento. Pero ella no era normal, solo había que verla.



Oh, sabes que estamos atrapados en una trampa,
no puedo salir,
porque te quiero tanto nena.

2 comentarios:

BUC dijo...

Yo lo titularía "Entre la realidad y el deseo"...

:-)

Besitos,

Maty

Anónimo dijo...

Y para cuando la continuación?? Gran relato.. y gran canción "Suspicious mind".