martes, abril 15, 2014

LA GORGONA MEDUSA


          
La ciudad elegida fue Vigo. No es una ciudad especialmente bella como destino veraniego pero pensaba en un hotel donde a lo lejos pudiera levantarme viendo las Islas Cíes. Ese hotel, con  gusto antiguo, estaba situado frente al puerto marítimo donde tantos y tantos gallegos marcharon a las Américas. Pasear por ese casco antiguo un tanto decrépito no consiguió estimular mucho mi ánimo pero al menos había cambiado de aires. Mientras tomaba un café observaba escrupulosamente a todo aquel que pasaba.  En aquella terraza se cruzaban niños, abuelos, jóvenes... y todos ellos me incomodaban. Me recordaban mi soledad. “Todos tienen una vida, menos yo”, pensaba para mis adentros. Y era así, no tomar decisiones, evitar sentir afecto y darlo era uno de mis mayores temores en la vida y desde luego consiguió aislarme cada vez más del mundo. En el fondo sentía envidia de todos aquellos que reían y paseaban, ya nunca volvería a ser uno de ellos. 
Envidia sana-me decía, pero esa autojustificación no me deparaba ninguna paz. Ahora no, imposible. Ante mí misma no podía fingir; además, me acordé de mis lejanas clases de latín, de un texto en que aparecía una variante de oxímoron: la Contradictio in adjecto. Pues eso, lo de “envidia sana” no era más que eso, una contradicción en el adjetivo, una lastimosa contradicción. La envidia nunca podía ser sana, si acaso moderada, por convenir en que un sentimiento así podía admitir gradación positiva.

La idea de verme a mí misma como una envidiosa, no obstante, me avergonzó. Y la perspectiva de sentirme una frustrada, una amargada de la vida me horripiló de tal forma que decidí dejar de pensar y centrarme en el mundo visible: el ventoso y soleado día de verano, los culos de los que paseaban por el paseo marítimo, los códigos QR en un poste publicitario o en el costado de una furgoneta frigorífica, el éxito del carril bici recientemente inaugurado en la ciudad, las transparentes gotas de agua del mar que al chocar en el rompeolas a intervalos de treinta segundos, remontaban el vuelo como canicas arrojadas al aire por la mano juguetona de un niño díscolo. Empecé a darme cuenta de que observar el exterior era mejor que no hacerlo; además, me reconciliaba con mi deseo de evitar sentir afecto y darlo, que era uno de mis mayores temores. Esto, sin embargo, no debió ser suficiente pues decidí marcharme y dejar para otro momento esa novísima actitud contemplativa ante la vida. Ni siquiera esperé a que el camarero viniera a mi mesa a entregarme la cuenta. Me dirigí hacia la barra y la pedí con una voz que no me oía desde hacía muchas horas. Carraspeé para aclarar, emití una interjección moduladora, me salió una vocecita inaudible, una especie de grito silencioso, luego un exabrupto, y por fin mi voz clara y sin arrugas. Pero al camarero todo esto le pareció una especie de jeróglífico, y me miraba como quien mira la piedra Rosetta con gafas de sol detrás de un retén de turistas chinos armados de cámaras fotográficas. La confusión se disipó enseguida. Un plato pequeño con la cuenta se deslizó sobre la vitrina del mostrador bajo el cual un bogavante con las dimensiones de un bolso de mano articulaba sus afiladas pinzas en el mismo momento que sacaba mi monedero.

Era hora de volver al hotel. Pretendía ver el atardecer desde el ventanal con vista a las Islas Cíes. Había abrigado la melancolía de ver tenderse el sol en las playas de esos islotes. ¿A qué había venido si no? Crucé una pequeña plaza, pasé ante una iglesia, dos iglesias, tres iglesias, -una más y me pongo a gritar-me prometí, y lo siguiente fue una oficina de Caixa Galicia. Esto hizo que el momentáneo mal humor se transformara en asco. -Mira que es feo un cajero automático, y gris, y frio, y poco ecológico. Al pronunciar esta última palabra comencé a evocar mentalmente actos que fueran poco ecológicos: la explosión de un pozo de petróleo, una fuga de gases tóxicos en una planta nuclear, los vertidos de desechos de productos químicos al mar… pero corté la enumeración en este punto pues habían acudido a mi mente las palabras de un humorista de moda: “no hay cosa menos ecológica en el mundo que pegarle a una foca con un lince ibérico”.  

Había demasiados cajeros automáticos. Los centros históricos de las ciudades de nuestro país poco distaban unos de los otros por culpa, entre otras cosas, de la presencia de esas terribles máquinas que escupen dinero y te preguntan indiscreta, cansinamente en qué idioma deseas operar, como si nos fuese dado aprender uno, dos, tres idiomas distintos de una vez para otra. Un anciano tecleaba su número pin con la mano derecha, mientras con la zurda  protegía el dígito secreto de miradas indiscretas, o peor, de cámaras ocultas. Me conmovió esta imagen: la imagen de la inseguridad ciudadana, del miedo, de la vulnerabilidad amenazada, la imagen desvalida de la desconfianza. Y como queriendo huir de ella doblé hacia la perpendicular, una calle ancha y peatonal donde se oía el tema “Romance in Durango” interpretada por una joven artista callejero. Por lo general los artistas callejeros destrozan aquella canción que tocan, pero, ciertamente, este no lo hacía mal:

                                             No llores mi querida
                                             Dios nos vigila
                                             Soon the horse will take us to Durango
                                             Agarrame mi vida
                                             Soon the desert will be gone
                                             Soon you will be dancing the fandango
.

Un policía municipal le hacía gestos de que parara y lo conminaba a acompañarlo, allí no podía estar. ¡Era increíble aceptar que fuera eso lo que daba mala imagen en el centro de la ciudad! Un poco violentada y sin ninguna razón para el optimismo me metí en un bar de copas, también urgida por la necesidad de sustituir esas visiones y esos pensamientos por otros nuevos y, a poder ser, de otra laya. Eran las ocho menos cuarto de la tarde, aún podía entretenerme una hora más hasta volver al hotel.

El pub se llamaba “20 Century Rock”. Estaba iluminado con luces naranjas. A primer golpe de vista divisé un jukebox de los años 70, una máquina expendedora de coca cola también de los años 70. En los laterales se disponían unos divanes de escay color bermellón de difícil datación; además, colgaban guitarras acústicas del techo. Chocaba la presencia de una Harley en una esquina donde hubiera sido más evidente encontrar un escenario con un solitario músico de country. Definitivamente, Johnny Cash redivivo andaba en el ambiente.

Aun era temprano, en el 20 Century no había nadie, ni barman siquiera. Mejor así, podría mantener mi cómoda actitud pusilánime y evasiva. La cortina estaba en movimiento detrás de la barra. De un momento a otro - imaginé- aparecería un macilento sesentón, calvo y con melena blanca, un ojo con glaucoma y el cuerpo invadido de tatuajes. Era como esperar a que el waiter fuera el primo de Johnny Winter, pero no. Apareció una preciosa mujer de 34 años con el pelo muy rizado, ensortijado podría decirse, y los ojos vivaces. Llevaba sombrero tejano y camiseta corta que revelaba al aire un vientre lisa y llanamente perfecto. Justo debajo del ombligo llevaba tatuado un caballo alado.
- ¿qué le pongo?
- Four Roses con Seven up en vaso ancho, por favor-respondí, clavando la mirada en la figura de un indio cheroqui esculpido en madera de cerezo americano.
- Te vale sprite?- balbució la camarera con suma suavidad pues adivinaba la timidez de la clienta
- No. Con coca cola entonces- dije sonrojándome como si hubiera algo hostil y destructivo en mis palabras.

Al día siguiente volví al 20 Century después de haberme tomado tres Four Roses con Seven Up en el bar del hotel, por supuesto, sin mediar palabra con nadie. Luego había caminado por las calles sin un rumbo fijo, a la deriva, merced a mis atormentados pensamientos. Si hubiera logrado olvidarme por un instante de mí misma habría sido feliz. Entré en un establecimiento de comida iraní para llevar. Comí un kebab preparado con arroz jazmín y pollo, sentada junto a la estatua de un militar a caballo. Lloré como se llora cuando una no se siente observada, con toda sinceridad. Después volví al 20 Century. Estaba a punto de cerrar pero la camarera del día anterior me sirvió un Four Roses en vaso ancho. No hablábamos, solo bebíamos. La camarera también. La situación sin ser ridícula tampoco parecía natural.
-¿El servicio, por favor?
- al fondo, a la izquierda-me dijo con  los ojos muy abiertos. De inmediato salió de la barra y cerró las puertas del establecimiento.
- Ah, ya cierras, enseguida vuelvo, necesito ponerme sombra de ojos

Entré en el servicio, saqué del bolso un estuche con pinturas, un pintalabios carmesí, rimel, un lápiz y colorete. Con todo ese arsenal sobre el lavabo me dispuse a la labor de reconstrucción. Había llorado, tenía un aspecto deplorable. Con el lápiz dibujé los contornos. Maquillar mi inseguridad me hacía sentir menos indefensa. Elegí sombra negra que es la que mejor contraste hace con mis ojos verdes. Me estudié el semblante, los gestos. Sonreía, entrecerraba los ojos y abría la boca evaluando el trabajo realizado y el posible impacto que iba a causar sobre la primera persona que me viera; porque la mujer que era recién pintada era una mujer nueva, desprovista de pasado. Nunca se tienen dos oportunidades de dar una primera buena impresión. Me apliqué colorete en las mejillas y me pinté los labios meticulosamente, abandonándome a la ilusión de que conocería a alguien importante en mi vida, de que unos ojos ávidos, deseosos se posarían en los míos.

La metamorfosis estaba casi por completar. Me retoqué el pelo, me incliné, acerqué la cara al espejo y me miré fijamente a los ojos y lo que vi me dejó perfectamente turbada. A mi espalda la camarera de pelo rizado me clavaba sus ojos astutos con un gesto de furia inexplicable, entre agresiva y lasciva. Era el gesto del atrevimiento, el de la total entrega a un riesgo ya asumido otras veces. Una mano en el pomo cerraba la puerta, la otra acariciaba los muslos de la mujer que aun sostenía una barra de labios entre sus dedos. La lujuria de la camarera consistía en actuar y no abrir la boca, en su silencio pertinaz. Yo, por mi parte, me sorprendí callando con más propiedad aún, pues era la receptora y la víctima. Pero… ¿víctima de qué? ¿de quién? ¿de mí misma? Era presa de mi carácter en el cual no había ningún futuro. No me atrevía a hacer frente a nada, ni siquiera a mis deseos, ni siquiera a aquella que ahora mordía mi cuello y besaba mi hombro hasta hacerme estremecer. Tampoco me atrevía a volverme, la observaba a través del reflejo del espejo. Qué miedo el mío. Me había bajado la falda, me desnudaba con una firmeza en que era perceptible un ansia reprimida, la codicia de la carne. Me abría las piernas, me chupaba, manoseaba mis pechos intocados, mi culo redondo como un día de verano. Aquellas horrendas madejas de pelo rizoso cosquilleaban por mi espalda una y otra vez, la lengua larguísima se afanaba en las caderas, en el sexo. Pero no me hubiera vuelto así me hubieran sodomizado. Temía que al volverme quedara petrificada de espanto. Temía que restallara en mi dorso, como un látigo, una insoportable verdad. Temía que la visión de la realidad me estallara en la cara en mil dolores pequeños. El temor y la autocompasión me hicieron llorar como una Magdalena. Y las lágrimas fueron la cristalización de mi entrega, la supuración de todos mis complejos, el desahogo a la tensión acumulada. Limpia ya de todo mi pasado, levanté las rodillas para dejar la falda y las bragas caer, despojándome así de lo que quedaba de mi amargura. Solo entonces me giré y quedé al fin frente a mi compañera. La miré con ternura y le clavé el lápiz de ojos en el cuello hasta matarla. Pegaso voló libre de su sangre.

sábado, marzo 22, 2014



El instante al que se refiere el título es el que refleja el fotograma de la cubierta; es decir, el momento, poco más de las seis de la tarde del 23 de febrero de 1981, en que guardias civiles al mando de Tejero tirotean el cielo del hemiciclo y conminan al gobierno y a los diputados a obedecer sus ordenes de irse al suelo. Todos lo hacen menos Suarez, Carrillo y Gutiérrez Mellado. El libro analiza ese momento, las vicisitudes históricas que condujeron a ese momento, el gesto de esos tres hombres, los porqués, cómos, cuándos ..

Uno se entera de que el autor del golpe no fue Tejero- mero ejecutor- sino Alfonso Armada, instructor, consejero y ex-secretario de Juan Carlos I. Uno se entera de que el CESID tuvo parte (aún se desconoce cuánta) en la logística del plan (manda eggs), de que solo se juzgó a una cuarta parte de los golpistas. Uno se entera de que el tribunal que los juzgó y los juzgados eran practicamente los mismos, de ahí que tanto Tejero como Alfonso Armada cumplieran penas tan exiguas. Uno se entera de que NADIE (prensa, partidos politicos, ejército...) condenó el golpe hasta que se supo con seguridad que había fracasado, de que el Rey paró el golpe pero no hizo nada por prevenirlo, de que los motivos que lo movían era perpetuar la corona, de que tal vez fueron los tiros (parte imprevista del plan) lo que hizo que al Borbón no le quedara más remedio que intentar abortarlo.

Febrero 1981 Aquellos militares franquistas entraron en el congreso sin obstáculos, a lo Pavía. Abrigaban la intención de secuestrar las libertades del pueblo soberano subfusil en mano y volver a un gobierno de unidad, continuador de la dictadura. Retuvieron presos a doscientos diputados durante 16 horas. La mayor parte de aquellos hampones golpistas ni siquiera fue juzgada y aquellos que pasaron por el tribunal son libres desde hace tiempo.

Septiembre 2012 Manifestación pacífica alrededor del congreso. Fuerte dispositivo policial para reprimirla. Algunos políticos hablan de asalto a la democracia, de anticonstitucionalidad. De abracadabrante manera 64 personas resultan heridas, 35 personas detenidas y 12 imputadas.

viernes, enero 31, 2014


La pantera

Esta pantera es mi hermana mayor. Rugió por vez primera cuando yo amaba aún todo cuanto me sucedía: escuché aquel rugido como algo que me entregaba el universo. Nació así entre nosotros cierto cariño deshonesto e incomparable. Ella, desde su agilísima forma cubierta por el ébano centelleante, se acerca para seducirme con sus movimientos de acero: miro su brillo hipnótico lamentando la pobreza de mi poder y recuerdo las veces en que nos hemos arrojado al pasillo, hermanados por el común deseo de la aniquilación. Nuestro incesto se va fortaleciendo gracias a un estilete de rencor en cuyo filo sonríe una ternura desconcertante: aprendemos que el odio es más sensual que la piedad.

Di la verdad a éstos, diles que me defiendo de tus arañazos, diles que mi mayor lujuria consiste en meditar tu destrucción. Diles que contraataco a todas horas con la insoportable esperanza de desmenuzar poco a poco tu compacta agresión, tu existencia, tu proximidad, tu memoria. Diles que me he servido, contra ti, de todas las armas: las mujeres, el trabajo, la música y millares de cigarrillos, los amigos y las palabras, el arte, el alcohol. Yo vivía como la palabra socorro. Yo vivía en legítima defensa. Usé todas las armas contra tu esplendor, todas las armas contra el desatino de tu inmortalidad.

Esta pantera es mi hermana mayor. Me vigila como un océano a la costa y me nombra por mis diminutivos. Yo la vigilo como un reo de muerte a los minutos, y le llamo tristeza a falta de un nombre más vasto y depravado.

jueves, enero 30, 2014


Un relato por cada mes del año a modo de almanaque. Julio desternillante, el mejor. Fiel a su estilo imaginativo, abundante, irreflexivo, gracioso.
 
El refinamiento del egoísmo que exhibe cada personaje hace que la lectura sea deliciosa. Estos personajes parecen gravitar hacia Isabel, la heroína, aparentemente generosos, desinteresados, incluso honestos. Pero nada más lejos de lo que verdaderamente se esconde en el comportamiento de Madame Merle y de Gilbert Osmond. Isabel cae en la trampa y es manipulada por ellos dada su incapacidad para adivinar maldad en el prójimo. Tomándo esta ingenuidad como salvedad, es un personaje fascinante: suave, inteligente, moderna, independiente, briosa. Se ve abocada a una vida limitada por la estrecha moral de la época y, sin embargo, se arma de valor y de razón para luchar por su libertad. Ésa es su modernidad, lo que hace que rápidamente la admiremos y le tengamos respeto.

Destaca el profundo análisis psicológico de los personajes, el acierto de intercalar descripciones para contextualizar e introducir los audaces diálogos. Queda uno sumergido rápidamente en un mar de matices, de emociones, de ideas, puntos de vista que se erigen como monumentos a la personalidad, a la individualidad. Se disfrutan mucho esos diálogos que son un careo entre personajes, entre ideales, entre inteligencias. El narrador omnisciente nos hace partícipes de la forma de sentir y de pensar de cada personaje, lo cual contribuye a que la inmersión en la lectura sea total y a que nos sintamos más como voyeurs que como lectores.

martes, junio 25, 2013

Algo más que una denuncia al régimen del general Odría (Perú, 1950-56), algo más que una respuesta a la pregunta "¿en qué momento se había jodido el Peru?", algo más que una estructura y una técnica literaria compleja y depurada (a pesar de su apariencia casual y farragosa). Algo más que la vida de cuatro personajes dispares que convergen en una Lima sórdida y convulsa. Algo más que un reto al lector despierto, una colleja al lector adocenado. Algo más que un entretenimiento. Nada menos.

miércoles, mayo 08, 2013

El hombre en el tiempo



EL HOMBRE EN EL TIEMPO



Con un pie en el futuro y el otro en el pasado,
corres el riesgo en el presente
de descojonarte literalmente
                                                          

Tengo amigos que aseveran
que el futuro no existe,
que es incierto,
conjetural,
probable solo,
que le faltan alas que lo eleven,
raíces que lo afiancen a la tierra.
Yo les digo redondamente que no,
aunque  es probable que
que esté  perfectamente equivocado.

Fijaos en el presente si podéis,
piedra atada al cuello del futuro
que sumirá la esperanza en el fango primigenio.
La estrella que veis brillar en el espacio
ya ocurrió hace miles de años,
este instante en que intento demorarme
ya es pasado cuando de él tengo noticia,
resuenan ecos ancestrales en las
palabras que afanosamente combino.

En resumen:
que el futuro sucederá,
que el presente no es,
que al pasado vamos.
Y tú y yo (y cualquiera)
somos un breve segmento de historia
que seguirá descojonándose literalmente.

martes, abril 16, 2013

 Son narraciones del mismo género que las de Conan Doyle, género que se inicia, según se dice, con "Los crímenes de la calle Morgue" de Poe . Lo que me gusta de Chesterton, y creo que lo diferencia de Conan Doyle, es su sentido del humor sutilísimo. Aunque los cuentos detectivescos suelen ser muy similares, con la misma estructura, muy mecánicos y cuando le coges el truco se vuelven previsibles, Chesterton se las arregla para que con él no sea así ¿cómo? narra cada historia desde distintos ángulos, puntos de vista, se ciñe menos al corsé del típico relato policíaco, es más verosímil debido a que lo basa todo en el sentido común. El problema es que ahora cuando veo la serie "Los misterios de Laura" ya sé quien es criminal antes de que acabe

domingo, marzo 17, 2013

Con un lenguaje claro, en un estilo periodístico, asequible para cualquier lector, Dulce Chacón nos cuenta las experiencias carcelarias de Hortensia, Reme, Tomasa... en el Madrid de los años de guerra y posguerra. La lucha de resistencia guerrillera, encarnada aqui en la persona de Paulino "El chaqueta negra" y Felipe, marido de Hortensia, en relación con la fuerte represón franquista en la calle y en la carcel de Ventas. Nos enseña cómo se puede, como se debe mantener la dignidad individual y colectiva aun en las circunstancias más infames.
Novela de poeta, donde la trama, el argumento es menos importante que las ideas, los sentimientos.

jueves, diciembre 20, 2012

Sueño nº 2

Te parecerá mucha casualidad pero esta noche he soñado contigo, un sueño delicioso. Ojalá tú también lo hubieras tenido. Tenía la sensación de que flotaba entre dos cosas ¿qué dos cosas? Tú y el abismo.
Era extraño, me empujabas hacia un fondo en el que caía silencioso. Yo te tendía mis brazos con impotencia y desesperación, tú me intentabas atraer sin conseguirlo. Parecerá ridículo pero el abismo acababa en el asiento de tu coche, tal vez era un coche azul, descapotable. Lo conduces con mucha serenidad, segura de ti misma, gafas de sol, jersey de lana y unas mallas negras ceñidas a tus muslos, tus gloriosos muslos de 23 años, esos que suscitaban en mi la codicia de la posesión, y una desazón muy desabrida. Al lado voy yo, callado, excesivamente elegante, como un dandy.
Te miro pero no te hablo. En tus labios se esboza una sonrisa, de esas sonrisas que no llegan a desembocar en risa porque se quedan en el camino de una mueca sugerente e infantil; es la satisfacción hecha gesto, estás orgullosa de llevarme, de lucirme. Conozco la carretera, es el Albaycín y las gitanas que merodean por allí gritan que la crisis no les afecta porque siempre se han mantenido al margen del sistema (yo no les he dado permiso para que entren en mi sueño, pero les doy la razón).
Te paras, dejas el coche y te sientas en el muro de piedra desde el cual se contempla, como a través de un caleidoscopio, Granada entera. Yo llego por detrás, pongo mi mejilla junto a la tuya y te rodeo la cintura con mis brazos firmes. Ahora que no me ves-estoy detrás de ti- y que pareces indefensa, subo las manos hacia las tetas, tus gloriosas tetas de 23 años. Busco el lunar con mi dedo índice, como si este tuviera un ojo en la yema. En tanto te beso justo detrás de uno de tus pendientes, y se te eriza el alma.
La hora se ensangrienta en las faldas de la Alhambra y una luna ovoide enseñorea- tímida aún- sobre la torre del homenaje. Me siento a tu lado y permanecemos quedos durante ¿30 minutos? no hay tiempo en los sueños por eso son etéreos. A veces nos miramos como si no nos creyéramos ahí, tan íntimos, tan transparentes; otras, nos demoramos en la contemplacion de toda la perfección que nos rodea: Granada atardeciendo y a nuestro pies, la Alhambra herida de ocaso, la luna que poco a poco se eleva y afirma en el cielo y... nosotros. Increiblemente nosotros. Incesantemente nosotros. Como éramos, como somos: seres perplejos, feroces idealistas, unidos como el fuego y la hojarasca, así de abrasados.
Al cabo de esos instantes vuelves la cara e intentas atrapar con tus dedos una lágrima que ha rodado por mi mejilla, síntoma del síndrome de Stendhal tal vez. Luego dices:
-"No llores como una mujer lo que no supiste defender como un hombre". Yo río para simular el llanto y te respondo:
-Hay que empezar desde ya con los recursos energéticos renovables.

viernes, noviembre 30, 2012

         Si en un alarde de síntesis, al que tanto acostumbramos los (buenos lectores pero) perezosos escritores, tuviera que resumir el resumen de este ya resumido epítome del libro, lo haría con estas dos palabras, solo en apariencia contradictorias: Engaño (poco he tenido que buscar para hallar la palabra) y Franqueza (a cualquier novela suya se le puede aplicar).

miércoles, noviembre 28, 2012

Un Javier Marías joven que intenta demostrar lo buen escritor que, efectivamente, es. Aparte del virtuosismo del lenguaje y la curiosidad que suscita en el fan por la identificación del personaje principal con el propio autor, esta novela no me parece de mayor interés. Tampoco pienso que deba situarse entre las mejores del Rey de Redonda.

lunes, noviembre 26, 2012

        La criatura a la que dio vida Victor Frankestein no nos parece buena ni mala, sino demasiado humana para ser un monstruo. Y se convierte en monstruo por mor (por mor en su significado de a causa de, no en el literal de por amor de) de los asesinatos que perpetra cuando comprueba que su creador, el científico ambicioso y endiosado, lo ha prefigurado erróneamente y lo ha predispuesto para la amargura. Sus sentimientos no guardan armonia con su horrible físico, de modo que es rechazado antes por su aspecto que su comportamiento.

Dice el refrán: "el asno no era arisco, lo hicieron a sombrerazos". Frankenstein no es un ser maligno por naturaleza, lo endiabla su desdicha. Hay un pasaje en que nos dice aquello de: "soy malo porque soy desgraciado", es la frase de la novela. Su maldad deriva de su desgracia, y su desgracia de su soledad y su miedo, del rechazo de todos, aún de se propio creador. Es desgraciado porque su generosidad no es correspondida,  porque nadie le dispensa un poco de cariño y de amor. Es desgraciado por lo mismo que lo sería cualquier ser humano. Y su reacción vengativa y feral no encuentra en su dolor justificación , pero si su causa.

Siempre es beneficioso acudir a los clásicos.

miércoles, octubre 10, 2012



Se lee a Salinger como se lee a cierto Kerouak, a cierto Bukowski, como se lee a John K. Toole y a Richard Ford; es decir, ligero pero sin ligereza, ágil pero detenidamente, festivo pero sin pasar por alto la bondad de sus ideas ni lo cautivador de su estilo. Un estilo directo, inmediato y un poco borde. No se puede obviar su gusto por lo popular o el predominio de lo narrativo sobre lo intelectual: es la novela norteamericana. Poderío narrativo todo, diálogo con la historia de la novela nada.

El guardian entre el centeno es una oda a la adolescencia, a las adolescencias de todos los que han sido rebeldes sin causa con toda la razón del mundo.

lunes, septiembre 10, 2012


A veces parece la obra de un genio (pocas veces) y otras (las demás) la de un loco. A veces es original, a veces extravagante (extravagancia que es la originalidad carente de gusto). De ingenioso pasa a delirante con la misma facilidad con la que el lector pasa de la sorpresa boquiabierta y ojiplática a la sonrisa compasiva y burlona. Hay algo opresivo en el mundo en que intenta envolvernos. Asfixian sus ridículas obsesiones. Parte de unas cuantas ideas más o menos insólitas, desconcertantes e ingeniosas alrededor de las cuales monta un débil campamento de sucesos peregrinos. Pasaje que ensancha los límites de lo grotesco el de la muerte de Laura Verás, ahogada con una hoja de lechuga. Tostón de novela.

lunes, agosto 27, 2012



El sueño del celta es la última entrega del escritor peruano Mario Vargas Llosa. Con trazas de ensayo, esta novela histórica indaga en los ferales abusos cometidos a principios del siglo pasado contra los indígenas de Congo Belga y de la Amazonía peruana. Asimismo, es una biografía del diplomático Roger Casement, testigo excepcional de los susomentados abusos y líder independentista irlandés.

Está estructurada en tres partes: la primera dedicada al Congo de Leopoldo II; la segunda, al Putumayo peruano y la tercera y -desde mi punto de vista- más floja, dedicada al intento de insurrección irlandesa por la independencia de la corona británica. Los capítulos impares nos situan en el presente, en la cárcel donde Roger Casement espera la sentencia a muerte; los pares (haciendo uso de analepsia) en el pasado: todas las vicisitudes que lo han llevado hasta la situación en que se encuentra.

No la aconsejo para la playa. Es una novela de denuncia, muy documentada. Fácil de leer pero densa. Moralizante.

La foto de arriba la tomé la tarde del miércoles 9 de mayo de 2012. cuando el autor llegaba a la Biblioteca Nacional en cuyo salón de actos conferenció "El libro como universo".  

miércoles, julio 18, 2012

LÓGICAMENTE

          Mi admiración por Benjamín Prado es una admiración sin objeciones y nace de la lectura de libros tan formidables como este. Benjamín remoza y vivifica el viejo género del aforismo como nadie. Su aforismo es idea ingeniosa o idea de siempre que se redescubre desde su esencia; no vacua ocurrencia, no chispazo que pronto se apaga u hojarasca que enseguida se quema. Si no hay fondo no nos vale la forma-parece gritarnos desde su abismo cada uno de estos nanorrelatos. Y aunque "tener todas las partes aun no es tenerlo todo" todo él, Benjamín, parece estar en cada una de las 500 partes de este libro. Así que si "los poemas son huellas dactilares" tú, poeta, debes tener 100 manos.

miércoles, julio 11, 2012

Libros, lectura

Buena tarde para leer. Si eres bibliotecario perfecto porque lo que tienes que hacer y lo que quieres hacer coincide felizmente. Pero no me gusta esta imagen de arriba. Los libros son antiguos, las maletas también. Ese aire demodé en que tantas veces se envuelve al libro, como si fuera algo que pertenece al pasado, como si resultara más atractiva o más auténtica su imagen antigua que la actual. Las personas que usaban esas maletas antiguas eran menos lectores que nosotros a pesar de que hoy tenemos teléfonos móviles, internet, televisión etc. Apartemos lo kitsch del imaginario del libro, el ratón de biblioteca no existe. Cualquier tiempo pasado fue anterior. Más hubiesen querido nuestros antepasados tener la cantidad y la variedad de publicaciones que tenemos hoy, la facilidad y la rapidez para acceder a ellas. Eso sí, ya sea en ediciones antiguas o en modernas, sean lectores, por su salud.

lunes, julio 02, 2012

CAMBIO

En un mundo superior puede ser de otra manera, pero aquí abajo, vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces.

John H. Newman (1801-1890)

miércoles, junio 20, 2012

RUIT HORA O A CADA CERDO LE LLEGA SU SAN MARTÍN

"pero huye entretanto, huye irrevocable el tiempo, mientras nosotros vagamos, prisioneros del amor a los detalles" Virgilio (Geórgicas, 3, 284)

jueves, mayo 17, 2012


        Nuestras vidas como rectas secantes. Las personas que un día son nuestro todo, el codo con codo de nuestro día a día, en un instante desaparecen inevitablemente. Lo cercano siempre se aleja. Nuestra historia son unas monedas que nos son dadas y que debemos atrevernos a gastar. El amor servido en bandeja de plata encierra una trampa. El profesor de filosofía nos hace pensar con Schopenhauer que no somos más que topos excavando umbrias galerías para no obtener más recompensa que un poco de comida; un negocio, en definitiva, que no cubre gastos. El primo Raimundo es alguien que siempre será feliz allí donde no este, la esperanza lo embelesa. El señor Rodó es mi personaje. Me resulta inquietantemente cercano, turbadoramente interesante, en lo que dice y en lo que calla y no solo por ser bibliotecario en la Biblioteca Nacional. Encarna el eterno dilema entre el deseo y la realidad.

viernes, abril 27, 2012

Siempre que una biografía pueda ser fiel y completa, esta lo es. La profusión de datos, la minuciosidad escudriñadora, su amplia visión y su larga extensión así lo revela.

Miles Davis es un creador en constante transformación, un Heráclito de la música. De esas personas, por otra parte, que no buscan el aplauso de ninguno pero tampoco teme la censura.

Miles Davis es Bebop, Cool, Jazz Modal, Free Jazz, Fusión. Miles Davis es la historia del Jazz.

      Leí este libro hace unas semanas y ahora de él solo recuerdo la bravura del mar, la de uno de sus hijos, la tenacidad del viejo y el cariño casi filial de su joven amigo.

     Una trama muy sencilla narrada con un lenguaje nada artificioso (por no decir naíf). Hay algo en él, sin embargo, que lo hace grande: la pulsión humana. Creo que la comprensión de la condición humana es lo que hace a Hemingway universal. Si no es eso, no he entendido nada.

miércoles, febrero 29, 2012


Montevideo, años 50 0 60 del pasado siglo. Martín Santomé es un viudo que trabaja en una oficina de autorrecambios de coches. Su vida es previsible, consuetudinaria y, solo falta que él mismo se lo reconozca, un poco gris. Un buen día la joven y promisoria Laura Avellaneda irrumpe en la oficina para alumbrarle la esperanza. El nuevo amor de Laura subviene todo ese mundo apático y melancólico en que Martín anda sumido, de manera que comienza a creer en la posibilidad ya descartada de una felicidad madura y plena. La repentina muerte de ella lo devolverá a la rutina melancólica y le hará comprender que el destino no le ha brindado una segunda oportunidad sino solo una tregua.

"No he querido saber, pero he sabido" estas primeras palabras de la novela la resumen muy bien. Al protagonista le violenta la sensación de verse obligado a saber lo que aún ignora sobre su familia. Su padre hubo de casarse tres veces para que él viniera al mundo. Él se debate entre la conveniencia o la inconveniencia de saber su pasado. Pero si ha de saberlo, porque los oidos no parpadean, ni pueden desoir lo oido, ¿qué importancia ha de tener el secreto, los secretos? ¿qué lugar debemos dar al pasado en nuestro presente? ¿qué debe decirse y qué callarse?

miércoles, febrero 01, 2012

Son De Negros En Cuba

Cuando llegue la luna llena
iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago,
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Cantarán los techos de palmera.
Iré a Santiago.
Cuando la palma quiere ser cigüeña,
iré a Santiago.
Y cuando quiere ser medusa el plátano,
iré a Santiago.
Iré a Santiago
con la rubia cabeza de Fonseca.
Iré a Santiago.
Y con la rosa de Romeo y Julieta
iré a Santiago.
¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!
Iré a Santiago.
¡Oh cintura caliente y gota de madera!
Iré a Santiago.
¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco!
Iré a Santiago.
Siempre he dicho que yo iría a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Brisa y alcohol en las ruedas,
iré a Santiago.
Mi coral en la tiniebla,
iré a Santiago.
El mar ahogado en la arena,
iré a Santiago,
calor blanco, fruta muerta,
iré a Santiago.
¡Oh bovino frescor de cañaveras!
¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro!
Iré a Santiago.

jueves, enero 26, 2012


Cuando una mujer me dice "soy muy profunda" yo siempre voy a pensar mal. Aunque lo que me quiera decir es que escribe poemas.

domingo, enero 22, 2012




Lo único que no me gusta de Madrid (además de Mouriño) es el tráfico. La bici solucionaría parte del problema. Además, se siente uno tan libre cuando por Fuencarral o por Santa Engracia deja atrás esos coches oficiales, esos Audis y Mercedes de ejecutivos, políticos y empresarios barrigones; atascados, impacientes, irritados, maldicientes y uno con su bicicleta sacando el intermitente con el brazo, burlándolos como en el chiste el seiscientos que adelanta al Ferrari.


Desgracia es una novela; Verano, una autobiografía novelada. Todo lo que podría decir sobre estas obras desde el punto de vista literario ya se ha dicho -presumiblemente con más rigor científico- en manuales, ponencias, tésis, revistas especializadas, blogs de escritores, etc.
Mis comentarios sobre libros no tienen ningún prurito docente.


Lo que de novedoso encuentro en estas obras es la voz y el tono del narrador. En Verano sorprende además el planteamiento narrativo: una vez muerto J.M. Coetzee, Vincent un joven biógrafo inglés entrevista a una serie de personas con las que el escritor tuvo relación. Tan tentador es esto como oír una conversación sobre nosotros sin que sepan de nuestra presencia. Cómo nos ven los demás y cómo nos vemos nosotros, algo a medias somos.

Lo interesante es su voz y el tono, la solvencia con que se ejercita en la muy difícil y demodé labor de autocrítica. Lo hace tan naturalmente que el lector lo interpreta no como autoinmolación (Desgracia) o autoflagelo (Verano), sino como un reajuste en su autoestima, una búsqueda de equilibrio y de perspectiva. Parece querer decirnos algo así como: no soy lo que se dice un dechado de virtudes pero no estoy en este mundo para satisfacer las expectativas de nadie.

viernes, noviembre 11, 2011



There must be lights burning brighter somewhere
Got to be birds flying higher in a sky more blue
If I can dream of a better land
Where all my brothers walk hand in hand
Tell me why, oh why, oh why can’t my dream come true

There must be peace and understanding sometime
Strong winds of promise that will blow away
All the doubt and fear
If I can dream of a warmer sun
Where hope keeps shining on everyone
Tell me why, oh why, oh why won’t that sun appear

We’re lost in a cloud
With too much rain
We’re trapped in a world
That’s troubled with pain
But as long as a man
Has the strength to dream
He can redeem his soul and fly

Deep in my heart theres a trembling question
Still I am sure that the answer gonna come somehow
Out there in the dark, theres a beckoning candle
And while I can think, while I can talk
While I can stand, while I can walk
While I can dream, please let my dream
Come true, right now
Let it come true right now
Oh yeah

martes, octubre 25, 2011

Versión cinematográfica bastante verosímil sobre cómo pudieron ser los últimos compases en la vida de León Tolstói. Entrañable el personaje de Lev. Se aprende austeridad y sensatez de él. Para resaltarlas es necesario el contraste con su mujer, la terrible Condesa Sofía. Son don Quijote y Sancho, idealismo y materialismo.

Por otro lado están los prosélitos que quieren hacér política y religión de lo que solo es filosofía y amor. Vale la alegría verla.
Urga es el aparejo con el que los pastores mongoles cuidan y controlan a sus rebaños. Esta película es un precioso homenaje a la vida de estas gentes que en un momento dado entran en contacto con un camionero ruso, lo cual da situación a pasajes divertidos y muy curiosos. Merece la pena verla para descubrir una manera de contar, la de Mikhalkov, absolutamente propia, personal y muy original. En el aspecto musical destaca el maravilloso tema ‘Las colinas de Manchuria’, que canta el ruso, un ex-soldado, en un bar, muy sentidamente pese a su borrachera.

miércoles, octubre 19, 2011



Quise saber algo sobre Publio Cornelio Escipión y me fui a las primeras páginas de este libro que me regalé el año pasado cuando menos tiempo tenía para leer. Acudí a él como a una enciclopedia, solo por consultar y por obtener una referencia del personaje. Entonces me animé y seguí todo el capítulo de la Hispania romana. Luego me animé mucho más y no pude dejar de leer sus 1077 páginas. En ese espacio está condensada una historia de España desde la llegada de los romanos hasta la última guerra civil, la del 36.

Pensé dejarlo en plena Edad Media (soy de esos a los que no les importa conculcar esa ley no escrita del mal lector por la cual no se puede abandonar un libro una vez comenzado) pero la decadencia de Al-Ándalus me conmovíó ¿cómo un pueblo bárbaro, atrasado como el de los reinos cristianos del norte pudo, de norte a sur, acabar con un mundo tan rico y avanzado (no solo comercial y económicamente sino culturalmente) como el de Al-Ándalus?

De la Edad Moderna española (austrias y primeros borbones) se aprende cómo un país lo puede tener todo y no saber progresar adecuadamente; de la Edad Contemporánea (desde la Guerra de la Independencia hasta ahora)que escribir en España es llorar y de todas las edades y épocas se puede concluir que hemos sido un país contradictorio y cainita en el que vivir nunca fue fácil.

jueves, septiembre 22, 2011

Voy a las estanterías, me faltan varios libros por clasificar esta tarde. Veo este que se subtitula "22 episodios nefastos de la historia de España". Me parece interesante, me va a entretener al menos. Lo manipulo, su encuadernación es buena. Tengo que clasificarlo y para ello lo primero es consultar el índice a ver qué episodios nefastos me depara:
Abarca muchos siglos de nuestra historia, todos los siglos caben en 250 páginas.
Me voy al siglo XX y leo esto:

1906 La masonería defiende el terrorismo
1910 Pablo Iglesias anuncia su política en las Cortes
1930 Golpe Republicano que fracasó
1931 Alfonso XIII abandona a los españoles
1934 Largo caballero y Companys se alzan en armas contra la República
1937 El PNV traiciona al Frente Popular
1938 Negrín pacta con Stalin
1944 El PCE invade el Valle de Arán


No debo guiarme por los títulos a la hora de clasificar (la clasificación tituliana es muy arriesgada), tampoco debo tenerlos en cuenta a la hora de valorarlo como obra de historia aunque salte a la vista el sesgo hacia la diestra. Huele mal de primeras que obvie el año 1936 ¿no sucedió ningún episodio nefasto ese año? ¿menciona el golpe republicano en 1930 y no la Sanjurjada de 1932?...muchas preguntas de estas me asaltan y mis cejas se perfilan y ascienden incrédulas hasta donde la alopecia quiere que llegue mi frente.
Le doy una oportunidad no sea más que por afinar un poco en el índice de materia que debo asignarle. Comienzo a leer un capítulo, otro, otro.. al-Andalus, R.R.C.C., FelipeII y... no sigo, no puedo seguir y además me declaro inapetente. Es imposible ser más sectario y caradura. Me percato de que el sesgo ni siquiera es hacia la derecha o la izquierda sino hacia el cinismo, la falta de rigor y ecuanimidad. Libros así escritos son una falta de respeto hacia la ciencia de la historia, vale decir, hacia el pasado que describe y hacia el futuro que apunta; hacia las personas que vivieron esa historia y hacia las que hoy quieren conocer su pasado.

Señor Vidal, o quien quiera que le escriba estas cosas, deje de escribir tan desaliñadamente y medite. Ya sé que para sacar al mercado una docena de libros anuales eso de meditar no, no se puede, pero es que no queremos leer nuestra historia así.

martes, septiembre 20, 2011

lunes, septiembre 19, 2011

LA NOBLEZA DE LA CONDICIÓN

Todos -casi todos- esconden un puñal.
Solo esperan el momento mejor para clavarlo.
En tanto, sonríen, saludan, ponen buena cara,
pues algún gesto o cara hay que poner...

Los perros de la envidia, los osos arrogantes,
el orgullo como gigantes hormigas,
la altivez espantosa, la ingente vanidad
egomaníaca y en tiña como un pez enfermo,

llenan ese cóctel que en apariencia es
solo batintín de palabras cordiales pero huecas.
El puñal y la horda aguardan su momento.

Cuando llegue, todo será carnicería y fango.
Aplastados, heridos, humillados o rotos entre sí
los altaneros hombres celebran su destino.

martes, agosto 23, 2011

Si cambiamos una letra de lugar en el apellido de este escritor tenemos el nombre del protagonista de El amante bilingüe. Juan Marés se ha convertido en un mendigo de oficio. Toca el acordeón en las Ramblas de Barcelona desde que Norma, su mujer, una burguesita que trabaja como funcionaria en la Generalitat, lo engañó y abandonó. Desde entonces no levanta cabeza, se conduce por la vida como un alma en pena, no cura las heridas y sigue perdidamente enamorado de ella. El pobre no tiene cara ni casa; no es nadie ni espera nada. Juan Faneca (el otro gran personaje de la novela), en cambio, es un charnego estirado, elegante, gracioso, atrevido. Se toma la vida de otra manera y triunfa en las empresas en las que Marés fracasa. Son amigos íntimos pero se detestan mutuamente. ¡Ah! se me olvida decir que ambos, Marés y Faneca, son una y la misma persona. Marés se disfraza de Faneca (peluca, lentilla, patillas, pestañas) para reconquistar a Norma.

A través de estos dos personajes el autor estudia el muy sugerente tópico de la alteridad, del otro, de las diversas identidades que pueden converger en una misma persona. Muchos y muy grandes escritores han abordado este tema. Se me vienen a la cabeza Stevenson, Pessoa, J.R.J., Borges. Marsé lo lleva al extremo haciendo que uno le envíe misivas al otro o haciendo que el otro sienta remordimientos por ponerle los cuernos al uno y así el desdoblamiento, la escisión de la personalidad llega a ser casi ridícula.

Además de ésta, otras dualidades pueden encontrarse: lenga catalana/lengua española; catalán/charnego; alta burguesía/populacho.

Quizás sea el conocimiento profundo de las clases sociales lo que más me gusta del autor, cómo las describe, cómo sabe de sus maneras, su pensamiento, su lenguaje, sus deseos y sus frustaciones.

Me han entrado ganas de ir a Barcelona.

miércoles, agosto 17, 2011

Arthur Pepper (1925-1982), fue un magnífico músico de la costa oeste de los Estados Unidos. Dotado de una talento natural para el jazz (también destacó como baladista y como músico de orquesta) no quiso o no supo encenderle un solo cirio a la santa gloria del éxito. Se diría una de esas personas a las que el triunfo incomoda y solo es moderadamente feliz en la búsqueda de lo auténtico.

Su obra fue reflejo de su vida, pero un reflejo convexo: parece mentira que alguien cuya vida se parezca a lo narrado en este libro pueda crear una música tan bella y emocionante. En su vida y/o en su obra hallamos riesgo, improvisación, vicio, sordidez, lirismo, derrota, resistencia, sensibilidad, soberbia, egocentrismo. Sinceridad temeraria, culto a la verdad, identificación de esta con la belleza, obsesión con el sexo, con el saxo, las mujeres, la heroína, la cocaína, el ácido y el alcohol, cirrosis hepática, cárcel, infancia enfermiza, carencias afectivas, introversión, odio inquebrantable a la delación, a la falsedad, San Quintín, tatuajes, racismo, música, más heroína y robo, reformatorio, jam sessions. Saxo alto, tenor y clarinete.

Una vida ejemplar es un relato sobrecogedor.

sábado, julio 23, 2011

Esta novelita narra la historia de una joven estudiante norteamericana, Nancy, afincada en Alcalá de Guadaira con el propósito de tomar notas para una tésis sobre literatura y antropología española. A través de las cartas que ésta envía a su prima Betsy sabemos de sus amores y peripecias en tierras andaluzas. Podemos, por tanto, encajar esta novela dentro del género epistolar. Género que da mucho pábulo a una literatura intimista (pienso en Pepita Jiménez de Juan Valera o en El Abrecartas de Vicente Molina Foix) y que resulta muy eficaz para obras en clave humorística como ésta o Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas LLosa.

Sin embargo, me ha decepcionado un poco. Se exagera demasiado el folclore andaluz para que haga contraste con la cultura yanqui de la protagonista. Ésta, por otro lado, resulta inverosímilmente ingenua, desagradablemente gilipollas. Quien haya vivido con una estadounidense sabe que no son tan cretinas, sino al contrario.

El humor casi siempre se basa en la distinta percepción que de las situaciones tienen los personajes debido al cruce de culturas, en interpretaciones literales de lo que es simbólico y viceversa, en las perplejidades de Nancy ante lo extravagante andaluz y gitano, en sus errores de comprensión, en juegos de palabras, homonimias, paranomasias, metátesis... el autor usa y abusa de todo esto de tal forma que a la quinta carta ya cansa y son diez.

En la p.128
- ".. y tú ¿no nadas nada?-no traje traje"

Ésta ya me sonaba. Igual que la frase en la p. 83
"¿Cuándo se ha visto un torero con bigote?"
Lo que son las cosas.

En la p. 195 hay una incongruencia: si el duque habla a Nancy en perfecto inglés ¿cómo se explica ahí la palabra "garete" y el consiguiente chiste?
En fin, creo que es una obra sobrevalorada en la literatura española.

Ramón J. Sender, lo siento pisha, pero no sé si es que tú la escribiste a la ligera o que yo la he leído muy superficialmente.

miércoles, julio 20, 2011

"La resaca puede y debe entenderse como un defecto de nuestro organismo para sobrellevar las alegrías de origen artificial"- esto lo dice Felipe B. Reyes en la penúltima entrada de su blog, la titulada La Resaca. Jajajajajajajajaja la culpa a nuestro cuerpo que no sabe asimilar la alegría de beberse, pongamos por caso, 15 cervezas, 2 cubatas y un chupito asesino jajajaja es una idea de lo más hilarante (al hilo de todo lo que escribe este hombre en prosa). Procuraré interiorizarlo antes de irme de vacaciones.




sábado, julio 16, 2011



Alguien, no sé quién, no lo recuerdo, no importa, definió la poesía como una "introspección lírica": un estudio íntimo de uno mismo expresado de manera más o menos estética. La poesía de Carlos Marzal es así, o es eso. Tal vez toda buena poesía lo sea y la de este poeta de una manera más que evidente. Nota uno al "yo poético" siempre pesquisando, preguntándose, investigándose a ver qué, cual y cómo es su interacción con el mundo físico y metafísico. Los poemas de este libro son respuestas a las perplejidades de un alma con una capacidad de asombro superlativa y una pulsión vital asombrosa.

Rezuma el optimismo de alguien atraído por la luz, no de alguien que huya de la sombra.

"En la acción reside la felicidad" dijo Aristóteles no sé si con estas mismas palabras. Seguramente así lo debe creer Marzal porque sus versos son como la consumación de actos, actos que parecen ocurrir en el mismo momento que él los escribe.

De ejemplos de todo esto que digo está "Ánima mía" lleno. Explicar poesía como esta no es justo y además no se intenta, pero sí es conveniente que el lector se la explique a sí mismo para que la transfigure y se transfigure en ella.


Cierro la apuntación con el poema que cierra el libro


A PÁJAROS

Vamos a volar pájaros,
salgamos de una vez.
Hay demasiado adentro en este día,
y adentro es fealdad,
adentro es húmedo.
Vayámonos a azules, a intemperies,
cúmulos de algodón,
las musarañas
de estarnos en las nubes,
por sus cerros.
Doctoremos la vista en lo que corre.
Marchémonos a nidos,
nos espera
nuestra felicidad, arborescente.
Basta con arrullarla entre las manos,
y sentirla latir
-es una alondra-,
para que exulte, viva,
y que exultemos.
Vayámonos a piedras,
a ese lago que aguarda pensativo,
y quebremos sin más
sus turbias aguas lúgubres.
Delincamos,
contra toda esa luz que nos delata,
ahora que nos queremos sigilosos.
Descamisemos
a nuestro más vestido;
descorbatémoslo de tanto nudo
como lo tiene ahogado, con el aire
que todo lo enrarece, en la garganta.
Que aprenda a respirar en lo que fluye.
Cierra ese libro abstracto,
y sal a comprender lo que has leído.
Pongámonos a carne pasajera,
vámonos a mirones.
¿Quién sabe qué sentido es el del verde
con que nos quiere verdes el deseo?
A ver qué levantamos,
con un poco de suerte, hasta la boca,
con un poco de arrojo, hasta la muerte.
¿Estamos a gozar,
o estamos secos
de toda sequedad, sin una gota?
¿Estamos a vivir
o es que no estamos?

sábado, julio 09, 2011

A mí me parece que Javier Marías posee en grado nada común las virtudes de algunos de mis más admirados novelistas: la capacidad reflexiva de José Saramago, el ingenio de Benjamín Prado, la cultura borgiana, la sensibilidad de L.A. de Villena, la imaginación de García Márquez y de Cervantes y la elegancia de Vargas LLosa.

Javier Marías es un escritor pulido pero no solemne, en su escritura no hay frases cursis o altisonantes; inteligente pero no de esos escritores que abusan de su ingenio usándolo de manera torrencial e invasiva.

Hay una característica en las dos novelas suyas que he leido (esta y Los enamoramientos) que me seducen como lector: aptitud para analizar y desentrañar el lado oculto de las personas y las cosas. El que lo lea sabrá a lo que me refiero.

viernes, julio 01, 2011

jueves, junio 23, 2011



Más allá del tema, interesante en estos tiempos de despidos, paro e inestabilidad laboral (por decirlo de un modo eufemístico) lo que más llama la atención de esta peli es el cambio de roles: ni él es el típico cuarentón padre de familia con la vida programada y resuelta ni ella la típica mujercita fiel, políticamente correcta. Muy bien Clooney

jueves, junio 16, 2011


Pero ¿no basta con que seas la apariencia
para encender un alma que evita la verdad?
¿Qué me importan tus risas y qué tu indiferencia?
¡Salud, mujer o máscara! Yo adoro tu beldad.


Charles Baudelaire


Baudelaire fue simbolista, sí; pero antes y sobre todo romántico. Esta última estrofa del poema "El amor de la mentira" sintetiza el ideal del romanticismo: exaltación del sentimiento, libertad y subjetivismo. Al poeta no le interesa si ella es aparente o real, él la transfigurará poéticamente; da igual cómo se muestra o es, él la verá a través de su sentimiento.

domingo, junio 12, 2011


Léanla, es una obra maestra.

jueves, junio 02, 2011




Grandioso. Analgésico. Tienes alguna preocupación, algún dolor, te tumbas diez minutos en la cama escuchando este adagio en el mp3, cierras los ojos y... todo aquello que acuciantemente te hostigaba se torna minúsculo, insignificante, poca cosa, nada.

jueves, mayo 26, 2011


Ésta no es lo que suele decirse una novela de entretenimiento. Quiero decir, que además de entretener denuncia y nos hace reflexionar sobre unos hechos históricos concretos. Por un lado la Transición ("Transacción" la llama por lo que en ella ve de trato, de pacto de renuncias...) y por otro la Ley de Memoria Histórica.
La Transición la aborda desde un punto de vista crítico, nos la muestra a través de una fotografía en blanco y negro haciendo resaltar el efecto claroscuro. Hay una frase clave en la novela que resume esto muy bien: "La Transición fue una victoria de todos que también tuvo sus perdedores".

El autor ahonda deliberadamente en el más triste y turbio episodio de la Transición: los asesinatos de los abogados laboralistas de la calle Atocha a manos de un comando ultraderechista español "Fuerza Nueva" y al parecer con la participación de un pistolero de la Red Gladio: organización paramilitar clandestina anticomunista pagada por, ATENCIÓN, la CIA. Hasta aquí los hechos históricos, increibles pero contrastados. Sad but true.

¿Cómo logra urdir los hilos de esta mezcolanza de temas y además que queden tejidos como una trama de espias a la que además se le hilvana un pequeño tratado filosófico de la relaciones de pareja y un minúsculo manual crítico sobre el abuso de poder por parte de los jueces? Eso solo Benjamín y Dios lo saben. Y Dios solo a veces.

A uno, como seguidor suyo en todas sus facetas: poeta, novelista, articulista, ensayista, tertuliano y rockero, solo se le ocurre pensar que probablemente no sea difícil encontrar mejores obras al respecto; o sea, estudios sobre estos temas más profundos y rigurosos. Pienso que sí, pero también creo que perderse a Benjamín, sus originales metáforas, sus ingeniosas comparaciones, sus juegos de palabras, sus aforismos, en fin, perderse su contagioso buen humor y su estupenda mala leche, eso, eso no sería sensato.

miércoles, mayo 25, 2011


How many roads must a man walk down
Before you call him a man?
Yes, 'n' how many seas must a white dove sail
Before she sleeps in the sand?
Yes, 'n' how many times must the cannon balls fly
Before they're forever banned?
The answer, my friend, is blowin' in the wind,
The answer is blowin' in the wind.

How many times must a man look up
Before he can see the sky?
Yes, 'n' how many ears must one man have
Before he can hear people cry?
Yes, 'n' how many deaths will it take till he knows
That too many people have died?
The answer, my friend, is blowin' in the wind,
The answer is blowin' in the wind.

How many years can a mountain exist
Before it's washed to the sea?
Yes, 'n' how many years can some people exist
Before they're allowed to be free?
Yes, 'n' how many times can a man turn his head,
Pretending he just doesn't see?
The answer, my friend, is blowin' in the wind,
The answer is blowin' in the wind.

jueves, mayo 05, 2011

Dice Séneca en sus máximas morales: "Saldré de la vida protestando que amé la buena conciencia y las buenas ocupaciones, y que no disminuí la libertad de nadie y ninguno disminuyó la mía."
Acaso sea esta la más alta moral que deban seguir los hombres: no disminuir la libertad de los demás.