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viernes, septiembre 28, 2018




Paul Rayment va por la calle en bici y es atropellado por un coche, como consecuencia pierde una pierna y deja atrás su vida de fotógrafo para verse reducido a una existencia  de viejo mutilado, dependiente y solitario.
 Marijana, su asistenta, es mucho más joven que él, está casada y es madre de tres hijos. Paul se enamora de ella perdidamente, casi puerilmente, pero su amor no es correspondido y lo que provoca es un conflicto familiar del que nadie saldrá bien parado.
Es una novela con un tempo lento, reflexivo, donde se puede apreciar cómo el tiempo socava física y mentalmente a una persona brillante, cómo la vuelve menesterosa, dependiente, vil. Creo que ese es el tema central de la novela, la decadencia personal, el tiempo que se fuga a veces a una velocidad desconcertante y pone en su sitio lo que se presumía consistente. El amor en ese contexto es un asidero, las duelas de un tonel flotando en medio de un océano a las que agarrarse, una súplica, un grito desesperado que nadie recoge. "Un hombre viejo es un hombre lento, con el corazón adormecido, pero suficientemente despierto para continuar anhelando placer y felicidad". 

domingo, enero 22, 2012



Desgracia es una novela; Verano, una autobiografía novelada. Todo lo que podría decir sobre estas obras desde el punto de vista literario ya se ha dicho -presumiblemente con más rigor científico- en manuales, ponencias, tésis, revistas especializadas, blogs de escritores, etc.
Mis comentarios sobre libros no tienen ningún prurito docente.


Lo que de novedoso encuentro en estas obras es la voz y el tono del narrador. En Verano sorprende además el planteamiento narrativo: una vez muerto J.M. Coetzee, Vincent un joven biógrafo inglés entrevista a una serie de personas con las que el escritor tuvo relación. Tan tentador es esto como oír una conversación sobre nosotros sin que sepan de nuestra presencia. Cómo nos ven los demás y cómo nos vemos nosotros, algo a medias somos.

Lo interesante es su voz y el tono, la solvencia con que se ejercita en la muy difícil y demodé labor de autocrítica. Lo hace tan naturalmente que el lector lo interpreta no como autoinmolación (Desgracia) o autoflagelo (Verano), sino como un reajuste en su autoestima, una búsqueda de equilibrio y de perspectiva. Parece querer decirnos algo así como: no soy lo que se dice un dechado de virtudes pero no estoy en este mundo para satisfacer las expectativas de nadie.