viernes, abril 17, 2020


En este opúsculo Miguel Delibes dice de la bicicleta : "...vehículo tan esquemático como la bici" o "motocicleta afónica". Se lee en una tarde. Tiene cierto encanto añejo. Se puede escribir bien, se puede incluso escribir muy bien y tener verdadero talento ¿Dónde queda Delibes entonces?

Con muy buena prosa y lujo de detalles la autora zaragozana nos da un paseo por la edad antigua. Éste periodo eclosiana de la prehistoria con el nacimiento de la escritura y se extiende hasta el periodo greco-romano. En dicho recorrido la historia de nuestra cultura es reflejada por distintos prismas: cultura oral, invención de la escritura, primeros escritores, sus obras, los diversos soportes documentales, la lectura, el papel de la educación, el de los libreros y las bibliotecas.

El hilo conductor de la obra es la transmisión de toda esa cultura desde la noche de los primeros tiempos de la escritura hasta el amanecer del siglo XXI. Son muchas las vicisitudes que han sufrido las colecciones de libros desde antaño hasta hogaño: robos, incendios, inundaciones, guerras, censura, bibliocaustos, traslados, desidia y olvidos. Tal vez la enseñanza que obtenemos de su lectura sea la comprensión de cómo esas obras iniciáticas han ido modelando la civilización a lo largo del tiempo hasta configurar nuestra cultura actual.

Es una obra divulgativa asequible para todo lector con curiosidad, de misma la familia del ya clásico "El mundo de Sofía". La materia es densa pero intercala, para allanar la varga, anécdotas etimológicas ("Teatro" viene del griego Lugar para mirar), científicas (Eratóstenes calculó la circunferencia de la Tierra valiéndose de razonamientos, un palo y un camello con un margen de error de solo de 80 kms) o bibliométricas (Datos de 2016, 224 millones de libros publicados en España de los cuales 90 millones por no ser vendidos son devueltos, triturados y reciclados en otros libros, servilletas o posavasos). Nos recomienda lecturas, películas, lugares. Tiene esa virtud de los buenos libros de conducir a otros, de despertar la curiosidad y hacer de nosotros investigadores para consumo propio.

En definitiva, un libro al que deseo y me atrevo a pronosticar una vida larga.


sábado, marzo 28, 2020

Ese edificio de estilo modernista de la cubierta, el Flatiron Building, que semeja la proa de un barco cortando el viento de la 5th avenue con Broadway, se construye en 1902, obra del arquitecto Daniel H. Burnham. Durante algunos años ostenta el privilegio de ser uno de los rascacielos más alto de Manhattan. Pero no es tan alto como parece. Hoy destaca más por su belleza perfilada, por esa apariencia sólida y escurridiza, la estabilidad de la cuña y su cualidad aerodinámica que por sus dimensiones.

La escritura de Muñoz Molina es también sólida y aerodinámica; escultórica en su arquitectura, como el Flatiron Building. Airea su vida, se autobiografía como si él fuese una ciudad llamada Nueva York. Nueva York, por su parte, nos parece tan Antonio Muñoz Molina en estas páginas que la ciudad puede leerse como una novela, ficción toda como una vida en perspectiva, como un sueño que comienza a tomar forma pero que cuando se experimenta, cuando se constata, cuando se solidifica, se desploma, como las torres del World Trade Center.


El arte de los museos, la arquitectura, los locales de jazz, el vértigo de una ciudad fulgurante y peligrosa observada desde sus ventanas, la sugestión del paseante que se cree invisible y que todo lo observa con curiosidad obsesiva porque alimenta la ilusión de aprehenderlo y de llevárselo a casa para siempre. Eso nos encontramos en Ventanas de Manhattan. Describe mucho, y en ocasiones reflexiona sobre lo que ve, pero es más importante el apunte, el registro de la ciudad que muda a cada instante. También es historia. Son interesantísimas esas páginas en que cuenta de primera mano el colapso del 11 S. Hemos podido saber de ese acontecimiento histórico por telediarios, periódicos, documentales, obras ensayísticas o divulgativas, pero nunca desde la perspectiva de un novelista con las cualidades literarias de Muñoz Molina.


En "Lugares que no quiero compartir con nadie" la escritora gaditana/madrileña nos habla de sus primeros compases en la gran Manzana, en la que vive por temporadas de seis meses siguiendo a su pareja, Antonio Muñoz Molina, que comenzó ligado a diversas universidades americanas, luego dirigió el Instituto Cervantes en NY y por último impartió clases en Universidad de Columbia.
Elvira, con su estilo breve, ágil (grácil por momentos, cargado de donosura) nos cuenta de su inadaptación a la gran ciudad, de su vida de paseante, de restaurantes, de amistades. Su escasa vida social, de los conflictos interiores con su faceta de escritora. Disfruta del anonimato, de los paseos por Riverside Park, donde Federico García Lorca ya lo hiciera entre 1929 y 1930.

En "Noches sin dormir", de la misma manera pero en un tono de nostalgia anticipada, nos cuenta su última temporada en NY.

miércoles, febrero 19, 2020

Hay poemas en este libro que bien le valdrían al autor para dejar de escribir, seguro y satisfecho de haber alcanzado una cota más que aceptable:

Saber


desde el alba al ocaso
¡es tan breve el trayecto
para fijar un canon
que evite lastimar o lastimarse!


Y también te puedes encontrar remates tan memorables como este. Del poema "No aprenderás nunca"
Con largueza y sin tasa te ha premiado la vida.
La mezquindad, la queja, están de más en ti.


Lean este libro, aunque os obligue a buscar palabras como "véspero", "ignaro", "parihuela", "vasicante", "feble" o "vedija". Al fin y al cabo la poesía es también aprendizaje.

martes, febrero 18, 2020



Decía Francisco Umbral que la vida es una mala novela, que no tiene talento narrativo. Amén de la genialidad la frase, la apreciación es certera. La vida vista como un todo y desde cierta perspectiva no despierta ningún interés. Poca emoción en una trama lenta, previsible y bastante inclinada a un determinismo social y económico que poco o nada recuerda a una obra maestra del ingenio narrativo.

La vida en general es común y pedestre, no así la de ciertas personas que por mor de sucesos extraordinarios se convierten en personajes.
Imagínense a alguien que haya vivido de primera mano: el descubrimiento de América, el Renacimiento en Roma,  el Humanismo y a su mentor Erasmo de Róterdam en Venecia, los primeros compases de la imprenta; que conociera a Lutero, que viviera y se educara en la Corte de los Reyes Católicos, y después fuera en la comitiva imperial de Carlos V. Alguien que además sacara tiempo para embarcarse en los siguientes proyectos: elaboración de uno de los primeros diccionarios de latín, de una descripción minuciosa del territorio español, milla a milla. Creación de una biblioteca enciclopédica en la que reunir todo lo publicado hasta su época. Para esto último Hernando Colón recorre a caballo Europa buscando libros, comprando y enviándolos en barcos o en carretas hasta Sevilla. Así viaja a Venecia, Núremberg, Colonia, Maguncia, Basilea, Londres y finalmente Francia.  Es pionero en la elaboración de catálogos, obsesivo en crear listas. Realiza el Libro de los epítomes (resúmenes), Libro de las materias. Su idea es crear una Biblioteca Universal, con todos los idiomas y épocas, impresos y manuscritos. 15000 volúmenes sin incluir muchos más que naufragaron. Hernando había acercado la sabiduría del universo a España, a Sevilla, a su casa de la Puerta de Goles.


Me gusta imaginármelo a caballo por toda Europa, en busca de libros, acompañado por un par de los mejores bibliotecarios del momento a los que contrata por casi nada. Les prometía acceso a cientos de libros escritos en árabe en su biblioteca de Sevilla. Y los libros en árabe para un bibliotecario erudito de Alemania, Países Bajos, Italia era algo inaudito. Los países islámicos (especialmente los persas) fueron maestros en la encuadernación en cuero. Es de destacar la encuadernación árabe hecha en España, mudéjar.
Otra cosa que me ha fascinado es que prefiriera los impresos a los manuscritos. Me sorprende debido al prestigio de los valiosos manuscritos. El impreso aún no tenía mucho valor. Fue un visionario, iba a contracorriente.
Las grandes bibliotecas privadas de nobles, aristócratas, reyes etcétera albergaban en el siglo XVI sobre todo obras manuscritas, selectas y, por lo general, en latín con preferencia hacia unas pocas materias consideradas entonces las disciplinas más elevadas: matemáticas, medicina, teología.
Pero Hernán Colón, y aquí está lo fascinante, soñaba con una biblioteca en la que tuvieran cabida todas las obras, mostrando preferencia por pequeños opúsculos, impresos baratos, ocasionales, ephemera, literatura gris de entonces. No quería joyas carísimas sino registrar todo lo que pensaba la gente de su época. Cuando llegaba, por ejemplo, a Venecia o Amberes no compraba a las grandes casas editoriales, se iba a pequeñas librerías. Fue un incomprendido, lo tomaron por loco o por un extravagante que almacenaba todo tipo de papeles sin valor. El valor de su colección a ido creciendo con el tiempo, pero en su época no era muy valorada.

Este es un libro excepcional, por la novedad de los datos y por el vacío que existía sobre el erudito, cosmopolita, descubridor, bibliófilo, bibliógrafo e hijo espurio de Cristóbal Colón, Hernando Colón.

lunes, enero 20, 2020


He leído la novela y después he visto la película. El orden no es aleatorio. Ambos artefactos funcionan y me han resultado satisfactorios por separado, con sus lenguajes propios: el literario analítico y el cinematográfico sintético. 
Se narra la felicidad de los años veinte, la abundancia, la suntuosidad de los salones, el materialismo como religión con su dios dinero en la hornacina, en el altar más alto. Pero también se dejan ver las sombras de todo eso: brutalidad, adulterio, desencanto, violencia. La vulgaridad de esas gentes frívolas y sin entrañas, la decadencia moral, nuevos ricos contra ricos de siempre, la división social este-oeste simbolizada en ese "Valle de las Cenizas" que los separa y donde la clase obrera se hunde en la miseria.
Lo que pudo ser y no fue, la contradicción de una época fulgurante y siniestra, la gran mentira del sueño americano... todo eso y además el amor de Jay Gatsby.

No regales nunca libros a un bibliotecario, a un buen lector o a un letraherido. Pondrá buena cara pero no lo apreciará como si los eligiera él. Regálale mejor unas estanterías blancas con puertas de cristal.

jueves, enero 09, 2020


"Relatos escritos entre 2003 y 2017. El primero trata de un perro guardián que atemoriza a una mujer que pasa cada día ante su puerta. La mujer quisiera reconciliarse con él, pero se da cuenta de que la bestia es solo una proyección del miedo de sus dueños. El segundo aborda la infidelidad “sin causa” de una mujer casada. La narración de ambos es abstracta y a la vez muy precisa. El contenido “moral” queda en el aire, flotando entre dos escenas, y ha de ser “aspirado” por el lector como si de un olor se tratase.
Los cinco relatos restantes tienen como protagonista a la escritora de Melbourne Elisabeth Costello que se encuentra en Europa. ‘Vanidad’ habla de la apariencia en la edad anciana y de los clichés familiares con una aguda sensibilidad hacia los detalles; es un pequeño. ‘Una mujer que envejece’ muestra el poderío de Costello como personaje: transparente y ambiguo, individualista y tiernamente humano. En Niza la hija intenta hacer entender a su madre que no puede vivir sola “al otro lado del mundo”, donde siempre ha estado.
Ligero y hondo, el volumen se ensancha con ‘La anciana y los gatos’. El hijo visita a su madre en un pueblo de Castilla donde vive acogiendo gatos asilvestrados. La brecha entre el huero mundo moderno y las “fronteras del ser” de “los animales no nacidos” a que se refiere Costello es más que generacional, parece ontológica. Si ‘Mentiras’ es un recuento epistolar del hijo a su mujer sobre la decadencia de la suegra, ‘El matadero de cristal’ resulta una pieza maestra que ironiza con la garrapata de Heidegger. Como el insecto, el filósofo es “esclavo de su apetito de sangre”, la de su alumna Hannah Arendt. “Queremos disolvernos en nuestra naturaleza animal pero no es posible”, escribe Costello. Así explica ese “parpadear de la razón” tan humano, como el de su propio discurso al asimilar en una de sus “lecciones” la matanza sistemática de animales al Holocausto. Pero la esperanza reside en nuestra “innata facultad de la empatía” y su disciplinado cultivo, que propicia el “cambio de perspectiva”. Esperemos que Coetzee siga dejando a sus personajes que hablen y se rebelen a placer para el bien de la literatura."


Babelia

Qué difícil sobrellevar, sobreponerse a un éxito real, supuesto o atribuido. Y qué angustia luego la sombra de su fantasma, la acechada decepción y la displicencia de los demás.

jueves, noviembre 14, 2019

lunes, octubre 07, 2019

Historia de la Roma clásica también simplificadora, como todas las que quieren abarcar 1000 años en 400 páginas, pero no por ello simplista. No hay cónsul, pretor, emperador, general.. que no se mencione, ni acontecimiento significativo por reflejar. Lo curioso y atractivo es el tono empleado. Habla de Octavio Augusto como si fuese...como si fuese un hombre, no un semidiós. Enfoca a los emperadores en su dimensión humana, y a veces usa el humor sin que por ello pierda grandeza lo que fue grande, crueldad lo que fue cruel y sordidez lo que fue sórdido. Al menos, esa es la impresión que se le queda al lector.
Hay dos tipos de españoles y aun yo diría de personas: aquellos que han ido a ver la película de Amenábar porque han leído a Unamuno; y aquellos que ahora leen a Unamuno porque han ido a ver la película de Amenábar

miércoles, octubre 02, 2019

Exposición de casos de psicología que nos dicen mucho de la condición humana, unas veces con solución y otras sin ella 
Este es un librito divulgativo sobre la época imperial. Breve pero muy completo. Ideal para obtener una visión de conjunto de la época más gloriosa de Roma
Que trata de cómo la exuberante Lucrecia que frisa los 40 cae en los brazos de Fonchito, su hijastro apenas adolescente, seducida por su inteligencia y su cara de querubín. Rigoberto, el padre, se entera y se separa de Lucrecia. Amén de erótico la obra posee como casi todas las suyas un estimulante cariz psicológico. La idea de la dualidad inocencia/perversidad de la infancia ronda en toda ella.

lunes, agosto 12, 2019

Algunos titulos leídos esta semana de vacaciones. Varios días de listeria con altas fiebres me han tenido en la cama leyendo.
Este libro inclasificable del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro me ha parecido delicioso, inteligente hasta la fascinación, profundo hasta la conmoción. Un libro de enfoque amplio en expresión breve. De lo mejor que recuerdo haber leído.
Por el título y el color de la cubierta podría pensarse en una novelita romántica, en el peor sentido de la palabra, en un pastiche cursi, y no es así. Con ella José Ovejero me atrapó desde el pricipio, por diversos motivos: principalmente por su frescura, escrita con estilo pero sin preciosismos, ambientada en Madrid, mezcla de acción, intriga y estudio psicológicos de los personajes, retazos filosóficos, triángulo amoroso (más bien quinteto), un argumento muy bueno. Quizás en su último tercio la novela pierde un poco de fuelle pero en su conjunto bien merece la lectura.
De este ensayo he obtenido algunas satisfacciones y muchas decepciones. Creía que se centraría más en la relación entre ellos dos, las asociación de sus obras, las influencias mutuas. Una primera parte se aproxima a eso, pero queda deslucida con la segunda que se aparta y sigue caminos muy, a mi entender, peregrinos.
Novela corta muy bien escrita, con una prosa tersa, limada y fluida al servicio de una trama de amor en la que uno no tarda en involucrarse. Mario es un delineante de la Diputación Provincial de Jaén, metódico y por lo visto un poco gris y aburrido. Un funcionario mental de esos que piensan que pueden aplicar a todos los aspectos de la vida los mismo patrones que le valieron para llegar a su situación de estabilidad permanente. Blanca es hija de familia burguesa adinerada, vinculada al mundo del arte, que ama la vida vertiginosa, el exceso, y asomarse al abismo. ¿Cómo se explica que lleguen a ser pareja? Léanla

jueves, agosto 08, 2019

Prado del Rey (8/8/2019)

Mañana de agosto, brisa fresca que huele a pan y a café. El pueblo y el sol. El primer sol besa los párpados del pueblo: las casas blancas. Infancia recobrada, densa congoja. Claudia a mi lado, en la terraza de la cafetería, desayunamos. El camarero con sus chascarrillos a las 9 de la mañana, mientras atiende otra mesa:
-"quilloo, queh taj forrao desde que táh en el ayuntamiento, has cogío er puesto y no veas"-. El otro sonrie y, con amable desdén..."qué vaa, miá.. zi zoy interino, cuando elloh quieran estoy en la calle".
 Inquietud de espíritu, como la de esos gorriones que saltan del limonero al suelo, como perseguidos. Un amor despechado y obsesivo el del segundo gorrión hacia el primero que no se deja alcanzar. Hay otros dos sobre el tejado bajo de la plaza de abastos, en frente. Aquellos pían más acompasados o menos estridentes, con evidente complicidad intelectual.
Inquietud de espíritu, cada minuto es un nacimiento que crece dorado, que se volverá oro al mediodía. La tarde morirá moscatel por los cerros, detrás de la iglesia. Recalculando ruta de mi yo de hace siglos, reconociendo olores, sonidos. Una sensación de inicio y acabamiento a la vez. Claudia llamándome "poeta" con esa sorna servicial tan típica de los madrileños. Y el café que se enfría.

jueves, agosto 01, 2019

Karl Marx escribió en 1875: "¡De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades". Pasado un siglo largo pienso lo alejada que está la sociedad de este principio.

viernes, mayo 31, 2019

jueves, abril 25, 2019




Esta es una novela panerótica, pansexual, panteísta: Dios es el pene del protagonista, Víctor Dilan. Esta novela habla del espíritu y también del excremento, de lo más insignificante y de lo inmanente. Enlaza lo bello y lo repulsivo.

Me gusta esa forma que tiene Vilas de concatenar o enlazar o yuxtaponer palabras, frases, que parecen inocentes y espontáneas para luego rematar con alguna perla. Siempre parece frívolo al principio y siempre es profundo y trascendente al final. Parece que no va a decir nada con sustancia y al final siempre te quedas pensando. Otra cosa que me gusta es que, como su adorado Bob Dylan, como nuestro adorado Bob Dylan, tiene muchas caras, como un poliedro. Sus obras son totalmente dispares, como los discos de Dylan. 


viernes, marzo 29, 2019


Ilia Ilich Oblómov es uno de esos personajes inolvidables de la literatura, que más que personajes uno se toma como amigos. Amigos entrañables que nos acompañan el tiempo que dura la lectura  (que no hemos de apresurar) y aun mucho tiempo después

Estos amigos, Oblomov, Augusto Pérez, Castorp, Julien Sorel, Alonso Quijano y algunos otros, nos hacen aflorar un sentimiento de lealtad y apego, obrando además el prodigio de hacer que la literatura se parezca más a la vida que a la ficción, cuanto más literarios son. 

Oblomov guarda cierta relación con Don Quijote tanto de semejanza como de antítesis. Ambos tienen una percepción desmesuradamente idealista de la vida, ambos distorsionan la realidad, ambos mueven a risa y a compasión. Para los dos la realidad es todo aquello que desafía el sentido común. Pero mientras Don Quijote discurre hacia fuera, y decide dejar la casa y el sillón para salir al mundo e intentar arreglarlo; Oblomov lo hace hacia dentro, abandona el mundo con perezosa renuncia y se encierra en su casa en una suerte de modesta rebeldía.
Para Don Quijote la vida no tiene sentido si no es hacia fuera. Huye hacia otro lugar, y ese lugar está en él. Va hacia otro tiempo, lo busca, lo quiere y ese tiempo ya no es. Para Oblomov, en cambio, la vida no tiene sentido si no es hacia dentro, e intenta que no cambie lo que sucede en sí mismo. Pretende detener el tiempo no viviéndolo, rehuyéndolo,  y acaricia su no vida porque se sabe un pobre mortal. Don Quijote cree poseer las llaves que abren puertas de castillos que ya no existen, y ya viejo sale a desfacer entuertos y socorrer viudas, sabe que será inmortal todos los días de su vida salvo uno, al que no tiene ningún miedo.

Hasta la página 150, Oblomov no abandona su cama, su sofá, donde se acercan algunos mal llamados amigos, interesados en sacarle dinero o favores; porque Oblomov es un rico hacendado, propietario de Oblomovka, tierras de jornaleros que él deja en manos de administradores ineficaces. Todos van a pedirle algo o a inquirirle por su estado de dejadez. Y él, sin perder nunca la amabilidad y la placidez, expone su filosofía, su oblomovismo, según la cual es vano y pretencioso todo lo que los hombres persiguen, güeros los quehaceres en los que se afanan. Los demás llevan razón,  despilfarra su vida y su fortuna con esa actitud de desidia, con la dejación de sus obligaciones en Oblomovka, pero Ilia Ilich hace que los ridículos parezcan ellos, lastrados de ambiciones ordinarias y de pasiones vulgares.. 

La acción es vulgar en tanto que el sueño, rico y áureo.

Pero Oblomov abandona su casa, como he dicho, hacia la página 150, capítulo cinco, antes de la mitad de la novela. No es por Oblomovka y sus pérdidas, no es por consejo del médico ni de nadie, es por una mujer.

"-Olga Sergeievna!-exclamó Oblomov temblando como una hoja."