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viernes, mayo 06, 2016


Distopía en la que Orwell hace una durísima crítica a una sociedad imaginaria donde el Estado (con mayúsculas) anula al individuo, lo somete y lo vacía.  No faltan críticos que vean en Oceanía a la URSS y en el Hermano Mayor a Stalin. Durante ese periodo de la historia de Estados Unidos al que se ha dado en llamar Macartismo esta novela se utilizó como propaganda anticomunista, siendo que Orwell se situaba a la izquierda de la izquierda y criticaba el peligro y los abusos de un Estado omnipresente y opresor, no que fuera anticomunista.

Es un texto denso (pero para nada confuso) plagado de ideas que invitan a levantar la mirada de la página y reflexionar. Reflexionar sobre si esa sociedad negativa, donde las personas carecen de espontaneidad, de inteligencia, de sentimientos, de libertad, es la nuestra. Reflexionar si esa comunidad corrompida por el poder de la política, la censura y la manipulación es o se parece algo a la nuestra.

George Orwell no es un escritor, es una moral.

viernes, abril 15, 2011


De no ser porque de alguna forma ya pensaba así este libro me hubiera cambiado la vida. Lo que ignoraba es que esto se hubiera llevado a la práctica alguna vez. Cataluña, desde julio 1936 hasta lo sucesos de mayo de 1937. "...la gente se mantenía contenta y esperanzada. No había desocupación y el costo de la vida seguía siendo extremadamente bajo; casi no se veían personas manifiestamente pobres y ningún mendigo. Por encima de todo, existía fe en la revolución y en el futuro, un sentimiento de haber entrado de pronto en una era de igualdad y libertad. Los seres humanos trataban de comportarse como seres humanos y no como engranajes de la máquina capitalista. En las barberías había letreros anarquistas explicando enfáticamente que los barberos habían dejado de ser esclavos. En las calles había carteles de colores exhortando a las prostitutas a dejar su oficio. para alguien que procediese de la burlona y endurecida civilización inglesa, había algo casi patético en la literalidad con la que aquellos españoles idealistas interpretaban los gastados lemas de la revolución [...] En toda tienda y en todo café se veían letreros que proclamaban su nueva condición de servicios socializados; hasta los limpiabotas habían sido colectivizados y sus cajas estaban pintadas de rojo y negro. Camareros y dependientes miraban al cliente cara a cara y lo trataban como a un igual. Las formas serviles e incluso ceremoniosas del lenguaje habían desaparecido. Nadie decía señor, o don y tampoco usted; todos se trataban de «camarada» y «tú», y decían ¡salud! en lugar de buenos días."
"Yo estaba integrando, más o menos por azar, la única comunidad de Europa occidental donde la conciencia revolucionaria y el rechazo del capitalismo eran más normales que su contrario. En Aragón se estaba entre decenas de miles de personas de origen proletario en su mayoría, todas ellas vivían y se trataban en términos de igualdad. En teoría, era una igualdad perfecta, y en la práctica no estaba muy lejos de serlo.[...] muchas de las motivaciones corrientes en la vida civilizada —ostentación, afán de lucro, temor a los patrones, etcétera— simplemente habían dejado de existir. La división de clases desapareció hasta un punto que resulta casi inconcebible en la atmósfera mercantil de Inglaterra; allí sólo estábamos los campesinos y nosotros, y nadie era amo de nadie[...]duró lo bastante como para influir en todo aquel que lo experimentara."


"Orwell me enseñó que una literatura desprovista de moral es inhumana." ha dicho Vargas LLosa en su discurso ante la Academia Sueca. Es exacto. Orwell es exactamente eso, una moral.