jueves, febrero 25, 2010
Pueden pulsar el resorte de un sentimiento que creíamos olvidado. Son vibrantes, vagamente tristes como la ventana cicatrizada desde donde observo este dia de lluvia. Consiguen situar el dolor tan cerca del gozo que al escucharlas creemos que moriremos en esa espada y después nos inflama el alma de dulzura. A veces modifican nuestro pasado y nos lo devuelve deformado en una nostalgia de nosotros mismos que mejor sería definir con la palabra melancolía. Me encantan porque lucen idénticas a naranjas o a poemas: son redondas y todo jugo, describen el mundo y penetran la verdad hasta incendiarla.
Esta es una de esas canciones.
miércoles, noviembre 04, 2009

LLORASTE EN EL GENERALIFE
"TANTA hermosura, duele!", te oí decir. Y cuando, un poco sorprendido, me volví a mirarte, vi correr lágrimas por tu cara. Yo conocía demasiado bien (¿quién mejor que yo?) tu sensibilidad a flor de piel; pero tras de tantos y tantos años de nuestra íntima convivencia, todavía me faltaba por descubrir en ti este grado de total entrega, que así llegaba a dejarte rendida y deshecha ante la belleza intolerable de una hora feliz.Era otoño. Estábamos pasando algunos días en mi recuperada tierra granadina. Habíamos subido a la Alhambra y, olvidados, paseábamos por los jardines del Generalife, bordeando los arriates de arrayanes, junto a los macizos de flores, alrededor de las fuentes, bajo un cielo de azul perfecto, sin otro ruido que el continuo rumor del agua y algún gorjeo del pájaro que tal vez ha saltado de una rama a otra. Apenas si hablábamos; nada había que decir: nos bastaba sabernos unidos y en paz. Me reí de tus lágrimas, y tú, en seguida, también te reíste."¡Qué gloriosa efusión! -me burlaba yo-. ¡Lágrimas de gozo!"… Húmedas todavía las mejillas, te reías también tú. Un poco más tarde, cuando quisiste valerte de tu cámara para apresar aquel momento único en unas cuantas instantáneas: fotos de mí, de ti misma, de ambos, tomadas en el delicioso paraje, en el lugar ameno, me puse a predicarte sobre la futilidad del intento. "El tiempo huye, lo sabes", te dije; "el tiempo no se deja capturar en una fotografía, como tampoco cabría encerrarlo en las estrofas de un soneto. ¿Para qué, entonces, tanto afanarse en vano?". Esa era mi prédica. Y sin embargo, ¿quién resiste al deseo?, ¿quién renuncia a la esperanza?: desatendiendo, terca, mi admonición prudente, sacaste tus fotos, mientras que yo mismo -debo confesarlo- furtivamente apuntaba en mi cuadernito de notas: Hoy Carolyn ha llorado en el Generalife; y todavía, para más precisa memoria, agregaba la fecha: 18 de noviembre de 1992.
martes, noviembre 03, 2009
martes, octubre 27, 2009
domingo, septiembre 06, 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)