martes, septiembre 23, 2014

Maya



Maya

Tumbada en la playa de Cádiz,
inscrito tu cuerpo sobre la arena
en un suave contrapunto dormido,
reposabas llamativa y silente
como una rosa espléndida.
Emblema de encanto, Maya

Tus ojos me miraron lujosamente tiernos,
su azul incitaba a obedecer y
el amor no nos hacía falta.

Crecimos desde tu forma más callada
hacia una ola rugiente de luz.
Al mediodía, ya más cómplices,
nos despedimos del mar
que subía en un llamamiento al abrazo
asfixiándonos,
       naciéndonos
              a otro fluir.

En Madrid ya no fuiste
emblema de encanto, Maya,
sino unos dientes que muerden sus propios labios,
y unos dedos en mi bragueta por Antón Martín.

Tu pelo, tus ojos, tus labios,
nunca otro reflejo.

Hermosura indefinible, Maya

Me hiciste adular lo que podría haber sido:

un poema que a la vez que leo me lee.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido poeta... este poema me parece que muestra un pasito más en tu universo creativo...

Avanzando...

joselu dijo...

Gracias, anónimo.

Diego S. Torres dijo...

Hola José Luis...¡cuánto tiempo!

Un placer leerte por aquí de nuevo, hacía tiempo que no pasaba. Espero todo bien y nos veamos pronto.

Bonitos versos, te dejo algo que hice de Prado, por si no lo vistes.

Un fuerte abrazo y espero todo vaya genial!

joselu dijo...

Todo va genial, Diego. No puedo ver eso que hiciste en Prado