miércoles, enero 15, 2014

El Lector


Esta tarde ha tenido ganas de Neruda,
igual que ayer tarde de W.H. Auden,
y antes de ayer tarde de Alejandra Pizarnik.
El domingo, sin embargo, no tuvo ganas de nada.
De suicidarse.
Pero se contuvo y al día siguiente
Alejandra Pizarnik le alegró la vida en su cielo
-imaginarse cómo estaba-.
Luego fue imposible reconciliarse con Auden
y su patética historia de la señorita Gee;
aunque, es verdad que al bajar la vista
contemplaba la cúpula dorada de la Catedral de Cádiz.
Y hoy Neruda, levantisco y proteico,
lo ha puesto rumbo a sinuosidades
y con su aguja colchonera y un hilo de voz
le ha dicho:
                        eres rico de toda opulencia,
                                                  deberías resucitar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No lo había leido y me encanta... ¡¡¡cuánto me sorprende cada palabra....!!!

Symphony